Domingo en la noche, abres tu computador para planear la semana. Vas a tu calendario y empiezas a agendar reuniones, llamadas, seguimientos, etc. Al final tienes una agenda llena de colores y etiquetas para separar ambientes: equipo con rojo, llamadas en amarillo, reuniones en azul, y ves ante tus ojos un calendario lleno. Sientes que será una semana productiva y enriquecedora.
A lo largo de las reuniones atendidas y llamadas realizadas, ves que se cancelan compromisos y empiezas a ver cómo tu agenda pasa de estar llena a tener algunos espacios.
Y la culpa llega: “no es posible tener tiempo de 1 pm a 4 pm”. Tu sentido de urgencia empieza a realizar tareas pendientes o a rellenar espacios con otros compromisos. De nuevo, una agenda ocupada.
Si resuena contigo, se llama cronopatía, el deseo obsesivo de aprovechar el tiempo.
Suena súper sexy tener una obsesión por aprovechar el tiempo, pero a veces no se trata realmente de aprovecharlo.
Aburrirse, una palabra casi desconocida
Aburrirse en la humanidad ha sido un elemento fundamental, pues gracias a esto surgen las mejores ideas, se cuestionan paradigmas y la humanidad avanza. Bueno, no es producto per se del aburrimiento, pero tiene un componente importantísimo.
Hoy tenemos tantos impulsos de dopamina que es casi imposible aburrirnos: tenemos audífonos todo el tiempo, nuestro celular es ahora una extensión casi natural de nuestro cuerpo y, evidentemente, las redes sociales con su algoritmo imposibilitan casi por completo un momento de desconexión digital. Todo esto es un chute de dopamina que hace imposible aburrirnos.
El tiempo en la era agéntica
Estamos en furor con los agentes de IA. Openclawd es el proyecto con más rápido crecimiento en la historia y esto es solo el comienzo.
Gran parte del sentido de un agente es liberar tiempo, automatizar tareas repetitivas, reducir reprocesos y, recientemente, se volvió una herramienta proactiva: realiza acciones sin que lo pidas. Esto es muy potente y hace que su valor sea increíble.
Sin embargo, después de varios meses usando estas herramientas, caí en cuenta de una práctica que sé que es común: el tiempo que está liberando lo estamos empleando en más trabajo, más actividades por entregar, más tareas por hacer; en conclusión, en llenar más la agenda.
Y puede parecer que estamos aprovechando el tiempo, que somos cronópatas, pero a veces eso conduce a episodios de estrés y ansiedad que no son para nada buenos.
¿Qué hacemos con el tiempo?
Y esto solo me hace pensar en la pregunta del inicio: ¿por qué y para qué queremos más tiempo si al final lo usamos para lo mismo de antes de la intervención agéntica?
¿Será que estamos al inicio de una realidad de agentes que trabajen para nosotros y generen valor suficiente para una renta básica universal y así el humano pueda usar el tiempo en cosas más creativas y artísticas, y parte de esto que estamos viviendo es el comienzo de una nueva realidad? ¿O, por el contrario, seremos coequiperos con agentes cada vez más protagonistas y menos decisionales?
El 2026 empezó muy rápido y esto no para. Veremos qué nos trae.

